jueves, 16 de octubre de 2008

PRAGMATISMO DE COMPRADOR (II)


Por: Teddy Montúfar Abad

Los varones hemos crecido en una atmósfera creada por la sociedad, según la cual, debemos actuar con rapidez, decisión y sin dudas. De ahí viene aquello de que no sabemos pedir perdón. Que nos resbala pedir disculpas o reconocer errores Y que sobre todo no nos andamos con muchas vueltas, sino que debemos ir de frente al grano. Aunque en el intento cometamos gruesos yerros: típica conducta machista. ¡Total… hay que aguantar en silencio!

Cuando tenemos que ir de compras hacemos gala de rituales marcados por la prisa y la inmediatez temeraria, opuestos a la práctica femenina, que se apoya en la observación atenta, la contemplación y el arrobamiento casi místico.

Elegimos rápidamente de entre los modelos que se exhiben, pues no está bien visto aquello de un varón deba escoger demasiado, no vaya a ser hacer gala de buen gusto se preste a confusiones que hieran el alma varonil. Por eso, la gran mayoría de varones preferimos comprar a solas nuestras propias camisas, ternos, corbatas y ropa interior. Procuramos evadir la compañía femenina para librarnos de la concupiscencia de la compradora. Aunque corramos el riego de no tener un mínimo de buen gusto en la elección de las prensas de vestir. Sin embargo, la falta de buen gusto en un varón no se pondera como debilidad masculina.

Hay quienes - venciendo temores- prefieren acompañarse de un amigo que cierto estilo buen para vestirse. Otros en cambio, se ven envueltos en un mar de dudas y confusiones insalvables, al respecto. De allí que nos estorba comprar y consideramos que se trata de un acto complicado. Por ejemplo, algunos compran ropa y accesorios en tiendas clandestinas porque venden artículos importados de Miami o de Gamarra y porque creen que si pagan con dólares, adquieren artículos de calidad. ¡Aunque compren tonterías a precio de oro!

Los varones, al parecer, no estamos hechos para deambular por muchas tiendas en busca de ropa y por la propia. Salvo que no encontremos lo que buscamos. Por lo general, somos de piñón fijo: difícilmente cambiamos de idea. Y resolvemos la compra rápido: ¡hay o no hay! No buscamos en muchas tiendas: la idea nos desalienta y nos lleva a decidir más bien, con prisa. Otra cosa es que lo que compremos nos vaya bien.

En este aspecto los compradores solemos ser estúpidamente confiados y desaprensivos. Como los que no se prueban la ropa porque confían en su ojo y les da “roche” pasar por el probador y se dejan llevar por la talla de la etiqueta; pero, cuando llegan a su casa ¡oh sorpresa…! No les queda. Y resulta que ya no se puede cambiar la prenda. También, están los machos que compran una camisa que no les conviene al color de piel, pero igual les gusta y se la “chantan”.

Hay muchos varones que nacieron negados para conocer y entender estos rudimentos. Así un moreno, que tira para negrito, elige vestirse con un terno marrón oscuro con camisa crema y queda francamente “cutato”. Algunos quedan como para colocarles algodones en las fosas nasales y velarlos en vida. Sin embargo, compramos camisas porque están baratas; aunque quedemos vestidos como para una fiesta de disfraces. La premisa del pragmatismo varonil para la compra y la prisa, debe aderezarse con una cuota de buen gusto. En este punto, es hidalgo reconocer que las damas de la familia nos advierten lo que más nos conviene lucir. Por eso, no hay más remedio que aceptar que una dama nos acompañe. La compra varonil está signada por la fijación en un objeto determinado, aparentemente racional, pero no exento de “metidas de pata”, como cuando compramos algo ordinario como exclusivo. Entonces, un rubor aromatizado con extrañas maldiciones revuelca nuestro orgullo viril.

¡Pero debemos aguantarlo con estoico silencio!

La Imagen es de.

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